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domingo, 2 de septiembre de 2012

LA PALABRA: la belle dame sans merci.

                                            
                                                                                                                            
Soy quien pervierte a las hijas del rey.  Soy un muchacho, 
una muchacha, una alegre picadura, cualquier cosa.
Las embriago en la sombra con silencio de aljibe
o con un rumor de pozo, para que enjoyen
con blancas flores diminutas su frente
celeste. Me gusta verlas bailar a  mi alrededor,
girar bajo exultantes trinos como estrellas
de oro, y sentir que para su sed
toda la lluvia no basta. Así
late la luz. Así acude la noche.
Tienen empapados de amatista los ojos
y oscuras alas de sirena y para que no me olvide,
entre derramada fruta, me ofrecen otra vez el Paraíso.
Las amo, no ha de volver la mañana, las amo
tanto; son  la ruta que ancla las islas
del alma y en primavera, a pesar de la nieve, 
saben alegres canciones
de cerezas y verdes campos de cebada.
Tendremos mil hijos. No vivo en vano.
Manuel Salinas