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miércoles, 29 de agosto de 2012

MAÑANA DE RESURRECCIÓN


Desayunados todos,
en el hombro ningún sueño duele
y la muerte a la muerte ahoga en la azul rosa de una taza.

Prodigio esta mermelada

donde dulce aguardaba lo lluvioso
y perdido en los verdes manteles

y donde, para ver el milagro,

los niños cruzan el jardín con una nube en el pecho,
hartos de pan mojado y rubias alas de cristal de Sèvres.

Ésta es La Casa;

ésta es mi casa y sobra el café
y es pecado la tristeza
junto a esa naranja
que de la primavera bajó al frutero.


Manuel Salinas